
El 27 de febrero de 1933, el edificio del Reichstag en Berlín fue víctima de un incendio provocado que sacudió los cimientos de la política alemana. Este suceso ocurrió apenas cuatro semanas después de que Adolf Hitler fuera nombrado Canciller de Alemania.
El joven comunista holandés Marinus van der Lubbe fue acusado del incendio, aunque Hitler lo atribuyó a agitadores comunistas. Esta tragedia se convirtió en el pretexto perfecto para una serie de medidas represivas que permitieron al régimen nazi consolidar su poder.
Tras el incendio, se llevó a cabo un juicio donde Van der Lubbe fue condenado a muerte, mientras que los cuatro comunistas arrestados fueron absueltos. Esta controversia sigue siendo motivo de debate entre historiadores, algunos sostienen que el incendio fue planeado por los propios nazis como una operación de bandera falsa.
Las consecuencias del incendio del Reichstag fueron profundas, marcando un antes y un después en la historia de Alemania. La suspensión de libertades civiles y la represión contra los comunistas allanaron el camino para el establecimiento de la Alemania nazi.
Hasta hoy, el Reichstag conserva la memoria de aquel trágico suceso que cambió el rumbo del país. En 2008, Alemania concedió un perdón póstumo a Van der Lubbe, buscando rectificar las injusticias de la era nazi.